miércoles, 30 de noviembre de 2011

Doble Ensayo Abierto!


Hoy 30 de Noviembre, Día del Teatro Independiente, cerramos los ensayos 2011
con un Doble Ensayo Abierto!
21hs APIDAE
22hs Y2K


lunes, 19 de septiembre de 2011

Seguimos en la búsqueda...









MELISA:
Las abejas tienen un sistema de comunicación propio bautizado como danza de la abeja. Las diferentes especies tienen adaptaciones propias de este hipotético lenguaje. A través del baile o movimientos vibratorios, las abejas indican la distancia y orientación con respecto al sol de la fuente de alimento o del objeto en cuestión. Esto es fundamental ya que luego de dos semanas, envejecen y suelen distraerse con facilidad, desatender el camino a casa y extraviarse.

PENELOPE:
Los zánganos son las abejas macho de la colonia. Ellos no recolectan néctar ni polen. El principal propósito de los zánganos es fertilizar a la nueva reina. Éstos copulan con la reina en pleno vuelo. La abeja reina copula con varios zánganos, más de quince, en los diversos vuelos de fecundación. Los zánganos no poseen aguijón ya que éste es en realidad un contenedor de huevos modificado. Tras finalizar la cópula el zángano muere.

LIDIA:
Las abejas obreras son las que segregan la cera utilizada para construir los panales. Además son las encargadas de limpiar y mantener la colmena, criar a las larvas, vigilar el panal y recolectar el néctar y el polen. Algunas de estas poseen un contenedor de huevos en forma de aguijón el cual pueden clavar de forma acerada a un enemigo para defenderse. Pero morirán poco después ya que parte del sistema digestivo está unido a él. Las abejas obreras son hembras infértiles.



domingo, 5 de junio de 2011

Buscando a Penélope, Lidia y Melisa...




















P:
Sabías que las reinas y las obreras son hembras y los zánganos son machos?

L:
Se rompió la tapa del inodoro.

P:
Sí, ya sabemos.

Se miran. Pausa.

L:
Cómo “sí ya sabemos”?

Entra M.

P:
Hace tiempo que está así.

L:
No, eso no estaba así, es nuevo.

P:
No, no es nuevo. (a M) Seguimos?

L:
Otra vez mosquitos?

M:
Sí son gigantes!

P:
Huele raro ese espiral.

M:
Viste? Lavanda. Son modernos.

P:
Modernos?

M:
Sí.

P le da el caramelo pendiente.

P:
Para mosquitos gigantes espirales modernos…

L:
Bueno... y?

P:
Y qué?

L:
Que si hace tiempo que está así, por qué no se cambia?

P:
Para qué?

L:
Porque está rota.

M:
Te preguntó “para qué”?

Pausa. L las observa.

L:
Y para no moverte cuando te sentás. Es que se mueve toda. No para de moverse. Cuando te sentás se mueve. Pellizca. Lastima. Marea. Me da como náuseas.

P:
De qué estás hablando Lidia?

L:
Nada, no hablo de nada.

P:
(a M.) Seguimos?

M:
Qué te pasa?

L:
Nada! No me pasa nada. Dejame en paz.

M:
Bueno, no te la agarrés conmigo.

L:
Perdoname.

M:
Decime que te pasa.

L:
Ya te dije que nada.

M:
Segura?

L:
Sí, segura. Sigan ustedes con lo suyo, no las quiero interrumpir y ya lo hice. Me odio por eso.

P:
No empieces.

L:
Que no empiece con qué?

M:
No importa. Contame.

L:
Ya sabes que no me gustan las cosas rotas. Lo averiado me deprime. Siento como una sensación de abandono.



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